Homenaje a las Madres de los caidos en Terebinto

Porque los próximos “Mayo” tengan lágrimas de amor y no más lágrimas de dolor

Por: Lic. Carlos Hugo Barbery Alpire, ECONOMISTA

Publicado en el 2011 mediante mailing masivo.

Cuando corren los días del quinto mes del año, entre un perturbado clima de estos llanos orientales indeciso entre calores y surazos, se empachan los corazones de amor para festejar al ser más noble, nuestra madre.

Sin embargo hace más de medio siglo, por este mismo Mayo indeciso, aparecieron los seres más ruines y miserables que escribieron esta página de nuestra historia con lápices de plomo, aromas de pólvora y letras de sangre; seres que emborrachados de odio, poder y alcohol hicieron pedazos las entrañas de la dignidad y la tranquilidad de un pueblo que se atrevía a pensar diferente.

Cada Mayo en Santa Cruz se recordará aquella enorme herida que seguramente tendrá ligera o inexistente cicatriz para quienes no conozcan la historia o para quienes no les importe la valentía y el sacrificio de la vida misma de cruceños verdaderos que en los hechos más no en la arenga, ofrendaron sus vidas por un ideal; sin embargo para quienes nuestros abuelos nos relataron semejantes barbaridades – y cada vez tiembla el pulso al escribirlo – no podemos imaginar que esta herida siquiera sane algún día, más cada Mayo, estas heridas se abrirán nuevamente con el recuerdo y las lágrimas de aquellas madres, mujeres, hermanas o cortejas de aquellos muchachos que ojalá DIOS los tenga en su gloria, ya que en su propia tierra ni siquiera se los recuerda como merecen.

La historia que nos enseñan en el Colegio, nos muestran el Holocausto, las Guerras de la Antigua Europa, el descuartizamiento de Katari y tantos otros hechos históricos que dejan a nuestros alumnos boquiabiertos, sin siquiera tener su imaginación la dimensión suficiente, ni sus estómagos la suficiente flora, para albergar y aguantar el relato de los acontecimientos de TEREBINTO.

Por aquellos días de Mayo de 1958, y ante el incumplimiento de casi 20 años de promulgada la Ley Busch la misma que otorgaba a Santa Cruz y a los departamentos productores de petróleo las regalías del 11%, recursos que eran para que tengamos agua potable, luz eléctrica y caminos, la masacre de Terebinto ocurrió tras la invasión de más de diez mil campesinos armados provenientes de Ucureña (departamento de Cochabamba) enviados por el gobierno central para sofocar el denominado “foco rebelde” en Santa Cruz, con la llegada de las milicias armadas a Santa Cruz empezó la persecución, asesinaron de manera cruel y sanguinaria a muchos cruceños, la mayoría estudiantes universitarios, saquearon, incendiaron y destrozaron el Comité Pro Santa Cruz, el Club Social 24 de Septiembre, domicilios particulares, abusaron salvajemente de las mujeres y encarcelaron a los hombres. Así los invasores enviados por el gobierno central manifestaron su odio al desarrollo de Santa Cruz.

Como relata Don Carlos Tito Gallardo Lavadenz – quien indica haber sobrevivido a estas barbaries al igual que Pablo Castro Parada y Oscar Terrazas Guzmán – el primero en ser asesinado fue Romer Mercado Ordóñez por defender a su anciano padre, a Felipe Castro Parada lo sacaron de la casa a culatazos y a patadas, lo inmolaron cruelmente rematándolo con una ráfaga de metralla; José Cuellar Achaval intentó la fuga pero estaba rodeado, una hiena lo hiere mortalmente de un machetazo en el vientre y otro desalmado cuchillo en mano le cercena parte de los intestinos y se los enrolla en el cuello, otros Ucureños lanzan gritos de júbilo y lo ultiman a patadas; el turno le toca a Miguel Callau Montero un muchacho de apenas 16 años, lo torturan a bayonetazos destrozándole una pierna, le disparan una ráfaga y lo dejan por muerto.

Pablo Castro Parada con más suerte que su hermano, al principio de la balacera logró correr hacia el monte y perderse en la espesura, los milicianos disparan sus armas pero no dan en el blanco, Alberto Mercado hermano de la primera víctima, Gabriel Candia Rivera y Justo Jiménez, son maltratados, les cortan en cruz las plantas de los pies y los conducen varios kilómetros en una vía-crucis inenarrable, las víctimas soportan insultos y golpes con estoicismo.

En “Las Liras” se ensañan con Gabriel Candia Rivera, las hienas furiosas lo golpean, le cortan la lengua, le sacan un ojo y ríen a carcajadas, le cortan los genitales y se los introducen en la boca, rematándolo con una ráfaga de metralla. De esta manera, consumaron las órdenes del gobierno central de aquellos tiempos.

Y yo que recuerdo que la gente se espantaba hace un par de años, cuando veía a los campesinos cortarles la cabeza a unos pobres perros, cuando en la historia se los trató a nuestros mártires peor que a perros.

Por ello con este pequeño relato, queremos rendir nuestro Homenaje a todas las Madres de Bolivia y en especial a aquellas que fruto de estos brutales hechos de barbarie perdieron a sus hijos de la manera más cruenta y salvaje, y sobre todo porque esperaron pacientes en el transcurrir de los años que la justicia llegue algún día, cosa que nunca ocurrió y se llevaron aquella esperanza hasta su última morada.

Y porque ojalá en Santa Cruz, en los próximos “Mayo” que vengan se derramen lágrimas de amor homenajeando o recordando al ser más querido, y no lágrimas de dolor por traiciones, venganzas y muertes…

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